Maverick McKenna no es como la mayoría de los jóvenes de 16 años. Este piloto de carreras de Park City pasa gran parte de su tiempo en Europa compitiendo en el circuito del Campeonato Francés de Fórmula 4.
Su objetivo: correr en la Fórmula 1, y McKenna está bastante seguro de que puede lograrlo.
"Creo que puedo hacerlo. Creo que las personas a mi alrededor confían en que puedo... Si no resulta, de todos modos existen muchísimas alternativas en el deporte motor más allá de la Fórmula 1 que mucha gente no ve", comentó. "Hay muchos tipos de carreras realmente fascinantes".
En comparación con otros pilotos del circuito, McKenna comenzó tarde, poniéndose al volante de un monoplaza de Fórmula hace apenas un año. Empezó a competir en karting a los 14 años y, este año, dio el salto a los autos de F4.
"Necesitaba dar el salto a los autos. No tenía el tiempo para hacer el recorrido habitual en karting como todos los demás", explicó. "Así que simplemente di el salto y resultó que éramos buenos. Por eso seguimos adelante".
Decir "buenos" queda corto. Este verano, McKenna, con 16 años, se convirtió en el tercer estadounidense en ganar una carrera del Campeonato Francés de F4, y el primero en lograrlo en siete años.
Esta serie es uno de los tantos circuitos de F4 en el mundo y representa uno de los peldaños que McKenna debe subir en su camino para convertirse en piloto de F1.
A diferencia de la F1, donde las escuderías cuentan con vehículos diferentes, la F4 francesa es una categoría monomarca (spec series). Esto significa que todos los pilotos compiten en autos esencialmente idénticos. Por lo tanto, mientras que los corredores de F1 dependen tanto de sus habilidades de manejo como de un buen auto, en la F4 todo se reduce al talento del piloto. Ahí es donde entra en juego el entrenamiento.
En lugar de asistir a la escuela secundaria como otros jóvenes de su edad, McKenna cursa sus estudios en línea para coordinar sus horarios de gimnasio y simulador con los viajes a Europa para las competencias.
McKenna entrena seis días a la semana en un gimnasio privado en Park City. La mayor parte de sus sesiones se enfoca en el entrenamiento de fuerza, incluyendo ejercicios específicos de cuello para soportar las fuerzas G en curvas a alta velocidad.
Su entrenador, Josh Wiles, señaló que el automovilismo plantea un desafío que la mayoría de los deportes no tienen: el tiempo limitado que el atleta pasa practicando dentro del vehículo real.
"En cualquier otro deporte puedes salir y practicar todos los días", explicó Wiles. "Puedes lanzar una pelota de béisbol o un balón de fútbol americano cuando quieras".
Añadió que McKenna solo está dentro del auto unos tres o cuatro días al mes.
Wiles y McKenna comenzaron a trabajar juntos hace un año aproximadamente. El entrenador afirma que ha visto al joven fortalecerse físicamente y ganar mucha más confianza.
"Una de las cosas más gratificantes para mí ha sido presenciar ese cambio mental. Cuando empezó era un poco más tímido, y ahora entra aquí adueñándose del gimnasio", comentó Wiles. "Ahora hasta intenta decirme qué hacer, y le digo: 'no, amigo, esto no funciona así'".
McKenna señaló que, si bien la fuerza física es importante, la fortaleza mental es la clave fundamental para el éxito de un piloto.
"Tratar de ser perfecto es la frase clave ahí: 'tratar de'. Pero en realidad el aspecto mental del automovilismo es lo más difícil y lo que al final lo es todo", afirmó. "Así que siempre intento trabajar en el plano mental antes de la sesión, después de la sesión, en la carrera, durante la clasificación, en lo que sea; la mente es lo único que importa".
Sostuvo además que no hay espacio para la duda cuando se compite a altas velocidades.
"Si sientes miedo, para empezar no deberías estar compitiendo. Deberías retirarte ahora mismo".
La mejor forma de mantener la calma y la confianza al volante es memorizar la pista. Sin embargo, esto puede resultar complejo cuando el piloto y el circuito están separados por un océano.
Por ello, cuando está en casa, McKenna entrena en un simulador. El equipo sumerge por completo al piloto en los distintos circuitos utilizando una configuración de tres pantallas.
El entrenador de conducción y propietario de Driven by BCM, Bruno Carneiro, ha pasado tres años manteniendo a McKenna en el camino correcto.
El simulador utiliza tecnología de escaneo láser y levantamientos por GPS para recrear el circuito. Carneiro explicó que esto permite al piloto desarrollar la memoria muscular necesaria para tener confianza en la pista.
"Te das cuenta de muchas secciones con subidas y bajadas, y el simulador ofrece una visión muy precisa de eso porque todo está escaneado por láser", señaló Carneiro. "Así obtienes esas ondulaciones y cambios de elevación que también se aplican en la vida real".
El simulador también se adapta al vehículo específico que conduce cada piloto. El volante está diseñado para igualar al de la F4 de McKenna y el asiento está colocado de modo que queda prácticamente acostado.
"Sus pies quedan por encima de la cadera, lo que le brinda la oportunidad de practicar, acostumbrarse y sentirse cómodo", comentó Carneiro. "Por eso, cuando se sube al auto real, aunque existe esa diferencia de sentir la velocidad, no resulta una experiencia totalmente nueva".
McKenna compitió en su última carrera de la temporada del 9 al 11 de octubre en el Circuito Paul Ricard, en el sureste de Francia, donde obtuvo el segundo y tercer puesto en dos de las tres competencias.
Sin embargo, incluso tras la carrera final del Campeonato Francés, aún queda más por conducir.
"Tan pronto como termina la temporada, empezamos las pruebas y la preparación para la siguiente. Así que realmente nunca termina", afirmó McKenna.
Artículo traducido por María Camperos.